Este sábado, la familia del fútbol mexicano despide a uno de sus grandes protagonistas: Manuel Lapuente Díaz falleció a los 81 años, dejando una huella imborrable tanto como jugador como estratega.
Nacido el 15 de mayo de 1944 en Puebla, Lapuente dio sus primeros pasos como futbolista profesional con el CF Monterrey en 1964, tras lo cual pasó al Necaxa en 1966 y al Puebla en 1970, donde vivió sus años dorados. Se retiró con el Atlas de Guadalajara en 1975. En su faceta como seleccionado nacional, ganó la medalla de oro en los Juegos Panamericanos de Winnipeg 1967, marcando el inicio de una carrera brillante.
Como director técnico, su nombre se catapultó. Tras comenzar su carrera al mando del Puebla —donde logró títulos de Liga—, también dirigió equipos como Tigres, Atlante, Cruz Azul, Necaxa y América, siempre dejando marca. Pero fue cuando asumió la conducción de la Selección Mexicana de Fútbol, en el período más relevante de su carrera, cuando su legado se consolidó.
En 1998 llevó al Tri a la Copa Mundial de la FIFA Francia 98, alcanzando los octavos de final, un desempeño que se recuerda como una de las mejores actuaciones de México en el torneo. Al año siguiente, protagonizó el gran momento: ganó la Copa FIFA Confederaciones 1999 al vencer 4-3 a Brasil en el Estadio Azteca.
Ese triunfo, cargado de emoción, con goles de figuras como Cuauhtémoc Blanco, Miguel Ángel Zepeda, Manuel Abundis y otros históricos, pasó a la historia como uno de los mayores logros del fútbol mexicano a nivel de selecciones.
Entre sus hazañas a nivel de clubes destacan cinco títulos de Liga MX: dos con Puebla, dos con Necaxa y uno con América. Con este último, rompió una racha de más de una década sin campeonatos para el club azulcrema.
Aunque se había retirado de la dirección técnica desde 2013, su imagen —la boina, su mirada intensa, su estilo único— seguía presente en los estadios y memorias del aficionado. Con su partida, no solo se va un gran entrenador, sino un símbolo de una época del fútbol mexicano.
Hoy, el mundo del deporte rinde homenaje a su vida, a sus victorias, a su estilo y a la inspiración que dejó para nuevas generaciones. Porque Manuel Lapuente no solo ganó partidos: construyó historias, elevó expectativas y llevó al Tri a soñar.

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